Comparto algo que me llegó de ese jueguito de intercambio poetico ;)

 

Ni una cosa, ni la otra.

Miento si digo que intenté la revolución.
No es verdad que puse una mesa patas arriba.
Tampoco dije miré vállase a mi ex suegra.
No mordí la mano que me dió de comer.
Menos cierto es que estuve preparado
para rechazar los honores que nunca medieron.
Y además, debo confezarlo, me costó 
diferenciarme de los conspiradores.
En fin, que como multitud, fuí un adicto al deseo.
Que como no pocos, transgredí con permiso.
Fui un tentado. Un idiota revulsivo. Un asco.
Eso sí: no vengan a decirme que todo esto me resbala.
No me vengan con el cuento
de que estoy grande para prender la mecha.
Menos que menos ustedes, jóvenes, viejos peripatéticos!

Santiago Espel